miércoles, julio 12, 2006







OTRA OPORTUNIDAD

Pidió un vino, luego otro y otro. Cambió de bar y siguió bebiendo, una vez empezado no podía parar. Así pasó las ultimas horas de la tarde. Hacía calor, había pasado la mañana caminando. Antes de retirarse a la habitación del hotel entró en un bar. El alcohol le había soltado la lengua. Habló con unos y con otros sin importarle demasiado lo que decía.

Consiguió llegar al hotel entera, erguida, la cabeza sobre los hombros. El bolso colgado del brazo. Se sentó y comprobó que no le faltaba nada. Aun tuvo energía para ducharse antes de acostarse.

Fue cuando apoyo la cabeza encima de la almohada cuando se dió cuenta que una vez más se había pasado de la raya. Había vuelto a beber, además mucho. Había hablado más de la cuenta, y se había insinuado más de lo necesario.

Aunque afuera hacía calor, sintió un frío que no podía quitarse ni con todas las mantas del mundo que se echara. El sentimiento de culpa la invadió. Le reconocía, era su amante de todas las noches, un amante celoso que le recriminaba cada acción del día, la desprestigiaba,, la dejaba echa un rastrojo y luego ni siquiera la besaba.

Cerró los ojos y se dejó envolver por la sensación de mareo de nausea. Luego vendrían los sueños enmarañados de pasados y presentes.

Cuando se despertó al día siguiente pudo comprobar que no le dolía la cabeza. Un café bien cargado la volvió a dejar tiesa como un palo, rígida. Se puso su mascara de persona respetable, los labios pintados, la sombra de ojos, el maquillaje que todo lo tapaba, un perfume caro.

Estrenar el día, todos los días se los planteaba como un nuevo empezar, seguro que podía, algún día llegaría al final si pecado, limpia de culpas, seria capaz de dominar todas sus debilidades, todos sus excesos, mantener todas las botellas cerradas con el tapón “Esto NO”.

Hoy no seria ese día, ya llevaba mas cafés de la cuenta para atar lo que no había quien atara…

En un supermercado compró una buena soga y una botella de ginebra. Se sentó debajo de un árbol a la vereda del lago mientras daba pequeños sorbos a la botella.


Le dolía mucho el cuello y estaba terriblemente cansada. Al abrir los ojos vio a la enfermera que subiendo la persiana dijo:
- Hoy hace un día precioso, luce el sol y corre brisa fresca del océano.

Quizá hoy .......

Imagen de Toulouse Lautrec - Retrato

4 comentarios:

Qymera dijo...

Cada oportunidad es una puerta, que da a una puerta, que da a una puerta, que da a una puerta...

Ana María Fuster dijo...

Otra oportunidad...
Maravilloso relato. Me fuiste envolviendo poco a poco, los escalofríos, las nauseas, la vida, la esperanza.
Un aplauso.

antona dijo...

Felicidades, me encantó tu relato
salu2

Rafa dijo...

Señor, concédeme paciencia para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que si puedo y sabiduría para discernir la diferencia.

Gracias por tus palabras, Fortunata.