martes, marzo 06, 2007




JUAN CARDOSA
O
MR HYDE




Hace unos días conocí a Mr. Hyde. Claro que el no dijo que se llamara así. Él dijo que se llamaba Juan Cardosa. Yo me di cuenta por pequeños indicios que estaba mintiendo, pero para entonces ya era tarde.

Muchas tardes, al volver de dar mis clases nocturnas a adolescentes desganados que no quieren saber nada de historia y geografía, me suelo acercar a ese pub que hay en la esquina cerca del metro. Me gusta entrar allí porque la música que seleccionan es buena, los camareros me conocen y hay adultos. Siempre necesito un baño de adultos antes de volver a casa es como reconocerme a mi misma como mujer y no como “Seño” un ser indiferenciado, sin edad ni sexo. No suelo hablar mucho, me tomo un Gintonic o dos fumo un rato y dejo vagar la mente en nada, es solo un puente para volver a casa.

Creo que fue la noche del martes cuando se acerco a mi mesa y se puso a hablar de lugares en los que había estado, hablaba sin parar, yo al principio no le prestaba demasiada atención creía que estaba borracho pero luego me di cuenta de que lo que bebía era una de esas bebidas que llaman inteligentes que no es otra cosa que agua vitaminada, de esas que dicen que te dan alas..
Entonces le mire detenidamente, no era feo, oscilaba en una edad mediana difícil de determinar si más cerca de los cuarenta o de los cincuenta, era mas bien delgado y poca cosa. Definitivamente no era el tipo en el que me fijaría pero emanaba algo que me atraía y seguía allí clavada escuchándole decir sandeces. Luego he sabido que esas sandeces no eran tales y que debía haberlas escuchado con mas detenimiento.

De sopetón me dijo: ¿no té gustaría volar conmigo? Yo creí que era una forma romántica para decir que si quería acostarme con él. Lo decía literalmente. Me invitaba a volar en un ultraligero biplaza que tenia en una zona de Guadalajara. Me hizo gracia y acepte. Hay que decir que en este punto ya iba por el tercer Gintonic. Y que la idea de volar me fascinaba. Quedamos para el sábado por la mañana él me recogería en la puerta del pub. Luego se despidió aludiendo tener prisa y se fue. Yo estaba bastante mareada así que me fui a casa me tumbe en el sofá y me quede dormida.

Pase la semana excitada, me costo especialmente atender a los chicos que me resultaron más impertinentes, que nunca. Aun así, les lleve a la sala de vídeo y les mostré accidentes geográficos vistos desde el cielo.
Esos videos, cuando llegaba a casa, me hacia pensar mas en él. No tenia claro si era muy conveniente para mí, pero me gustaba y dejaba volar mi imaginación. Pensaba en sus manos acariciándome la piel, luego me daba cuenta que no me había fijado en sus manos entonces pensaba en sus labios, unos labios finos con una mueca extraña, unos labios rápidos que no paraban de hablar, tampoco eso me servia para mucho, intentaba recordar los sitios que había mencionado pero la cierto es que como no había prestado atención a lo que decía no era capaz de recordarlos. Estos pensamientos me sumían en un estado de deseo y desolación que me hacían dormir mal y despertarme agitada sin saber bien a que sueños se debía la agitación.

Por fin llego el sábado me sentía como una jovencita en su primera cita, eso me hacia sentir estúpida y me entraron ganas de dejarlo todo pero fui y allí estaba él, con su coche un mono volumen equipado por dentro con todo lo necesario para poder dormir dentro. Cuando me vio mirarlo dijo. No te preocupes para ti he reservado una habitación en una casa rural de unos amigos. En ese para ti creí entender que no tenia ningún interés por tener un "afaire" conmigo. Le mire de arriba abajo y confirme que no era mi tipo así que casi mejor que solo fuera volar.

Cuando llegamos era ya mediodía se había parado en no sé cuantos pueblos para enseñarme todo tipo de iglesias y palacetes de distintas tendencias artísticas. No paraba de hablar yo le escuchaba en silencio sin prestarle demasiada atención, otro error, debía haberlo hecho. Sus amigos nos habían dejado la comida preparada y no se les veía por ningún sitio tampoco vi mas huéspedes en la casa, el no le dió importancia dijo que allí la gente era independiente y cada uno hacia las cosas a su aire que no me preocupara que ya los vería.

Por la tarde dimos un gran paseo por la zona hasta al anochecer que nos sentamos cerca del río allí me atrajo hacia sí. No me resistí tenia curiosidad por ver lo que haría conmigo como si yo fuese la observadora de mi misma, no sentía atracción por el pero tampoco rechazo, así que me deje hacer. Paso sus manos por todo mi cuerpo pero como quien toca una pieza de arte que va a meter en una caja y necesita saber sus medidas, con delicadeza pero con precisión y frialdad. Luego se puso a acariciar mi cuello, sentí un escalofrío que recorrió toda mi espina dorsal y me susurro al oído. “Zorra estas deseando que te folle desde el primer día. Metió sus dedos en mi boca y empezó a jugar con mi lengua y a tirar de ella. Confieso que sentí una violenta excitación mezcla de deseo sexual y miedo. Empece a temblar, él siguió manipulando mi cuerpo por distintas parte mientras me susurraba “goza zorra que eso es lo que te gusta”. Sus ojos brillaban pero no hizo ningún intento por besarme o penetrarme mas se parecía a un cirujano operando que a un amante apasionado pero yo no podía evitar responder a sus hábiles dedos. Una parte de mí lo rechazaba y otra se sometía a su juego.

Cuando me vio exhausta paró y guardó silencio. De vuelta a la casa siguió hablando como si todo eso no hubiera pasado. Se despidió de mí diciendo duérmete pronto que mañana nos espera un día intenso. Pero yo no dormí apenas. No entendía que me había pasado, tampoco entendía que hacia yo allí, me di cuenta que no me había enseñado la avioneta ni había visto a nadie volar por la zona pense en irme al amanecer pero me quede dormida y cuando me desperté ya estaba el allí nuevamente sonriente como sí todos mis temores y lo que había vivido solo hubiera ocurrido en mi imaginación. También me pareció ver un par de huéspedes que se iban por el camino. Eso me tranquilizó y pense que estaba exagerando, que dedicaba demasiado tiempo a ensoñaciones.

La mañana transcurrió de forma natural fuimos conforme a lo acordado hasta un monte desde el que se divisaba una gran llanura de pastos verdes. En lo alto había una caseta que él llamo hangar de la que saco su biplaza y se puso a manipularlo con la misma destreza que había manifestado la noche anterior mi cuerpo, eso me excito pero lo disimule yendo me a dar un paseo hasta que terminara.

Oí gritar ¡Jodia perra donde te has metido! Era una voz ronca que no reconocí así que no lo asocie con él aunque allí no había nadie más.

Al principio el viaje fue una emoción tan intensa que creí que olvide todo me sentía como una niña dando voces y gritando de alegría. Fue entonces cuando él comenzó a hablar con una voz grave y aguardentosa todo tipo de obscenidades, su cara se había oscurecido y todo él resultaba tosco incluidas sus manos que ahora las veía con claridad eran gruesas sin ninguna finura. Sentí miedo, se me helo la sangre, él pareció advertirlo y cada vez subía el tono, y empezó a manosearme de forma impúdica, ahora el miedo era pánico, le pedí que por favor me bajara lo antes posible que me estaba mareando y temía caerme, pero él siguió yo gritaba como un desaforada para nadie, porque nadie me podía oír.

Finalmente bajamos y él volvió a ser el hombre frío y charlatán de los días anteriores. Mientras recogía me fui hacia el coche a intentar poner mis ideas en claro y saber que pasos debía seguir o como salir de esta situación. Pero me puse a llorar descontroladamente y así me encontró él. Me consoló amablemente diciendo que era así la primera vez. Me abrazo y comenzó a besarme como a una niña pequeña yo eme tranquilice, pero eso duro unos segundos porque enseguida comenzó a insultarme y ultrajarme de distintas formas, no podía zafarme de su abrazo. Cuando hubo hecho cuanto le vino en gana me metió en el coche. A esas alturas yo ya era un guiñapo inservible, un trozo de carne amorfa recubierta de babas y sangrante. En mi estado de enajenación le pedí que me llevara a la casa con la intención de urdir un plan para escapar de el. Y volvió a ser el hombre amable y dicharachero explicando con total naturalidad la emoción tan intensa que siempre era el primer vuelo.

Ahora estoy en la habitación del hotel escribiendo este mail por si no vuelvo a casa, alguien me busque aunque sea en el deposito de cadáveres. No dejo indicaciones de que hacer con mis pertenencias por que no tengo nada…… oigo sus pisadas en el pasillo…..

Ayer encontré este mail en mi correo era de una compañera con la que había coincidido en un instituto de secundaria hace algunos años, apenas la conocía….pense en llevar este mail a la policía pero en los correos todos damos datos falsos, y yo no recordaba su nombre verdadero. Así que no serviría de mucho, tampoco sé donde localizarla.





10 comentarios:

Esther Hhhh dijo...

Joe que fort...

Besitos Fortunata

mentecato dijo...

Poesía pura el comentario que dejaste en mi blog.

Más rato vuelvo a leerte.

Un abrazo.

Antona dijo...

Feliz dia, mujer
bss

mi despertar dijo...

Interesante tu escrito..realmente bueno

Rodolfo N dijo...

Tremendo relato!.Impresionante.
Me atrapó hasta el temor que hubiera sido cierto.
Un beso

MentesSueltas dijo...

Pasaba a conocer tu espacio y me llevo tus letras para el fin de semana, gracias por compartirlas.

MentesSueltas

Andrés Asenjo Morosetti dijo...

Hola: si te interesa algo de informacion, puedo conseguir contactos cercanos al inframundo, para que veamos donde vaga ese sujeto.
Critaura de imaginacion, espero verte procrear mas vida en este lugar.

Antona dijo...

Me has enganchado desde el comienzo,ficcion o realidad.Si quieres emociones mas tranquilas,te propongo una sesion de fotos,jajajaj
bss

Qymera dijo...

He leído este relato con mucho gusto. Creo que no debemos asustarnos, porque me parece que a la mujer le sigue gustando el hombre: basta con unas palabras bonitas para que se calme y el vuelva a las suyas. Es cuestión de tiempo, para que se acostumbre a su nueva realidad que muy bien la sustrae de su vida aburrida de clases nocturnas y tragos solitarios en un bar.

Therese Bovary dijo...

¡¡¡Te pasaste, Fortunata!!!

¡Qué cuento el que has escrito!

Qué más se puede decir, sino manifestar la impresión que me ha causado este relato.

Cariños
desde el otro lado del charco
Therese