martes, octubre 13, 2009


El Medico y el Pozo



Son las nueve. Cierro por fin la puerta tras el último paciente, Juan Martin, o Martínez, no recuerdo bien.

Hablamos sobre como se siente una mujer en cuerpo de hombre. Él piensa que es una mujer, que se mueve como una mujer, que tiene fantasías de mujer. Es sólo su obsesión. En nada se parece a mis atormentadas pacientes.



Intento decirle “No busques comparaciones. Tú eres Juan”
“Clara, por favor, llámame Clara”. Me dice.

Clara, Clara. La oscura Clara, la negra Clara. Su piel es de color aceituna madura, su pelo de un negro opaco y todo su cuerpo velludo.
Clara, claro, Clara. Le digo mientras le hago pasar todos los jueves a última hora. ¿Y que tal ha ido la semana?
Le hago preguntas, habla, escucho, habla, le sugiero, habla.
No es fácil conectar con todos los pacientes. Intento derivarle a otro psicólogo, pero se emperra en que sea yo. Él es el que paga y yo necesito el dinero. Nunca creí que caería en esto, en este pozo sin fondo que es depender del dinero hasta sacrificar los principios mas elementales.

Juan Martin o Martínez insiste que lleva varios días sin poder dormir, cuando cierra los ojos cae a un vacío negro y profundo hasta que oye el ruido del agua chap chap, chap. Mientras el habla, de a donde le conduce ese pozo de aguas oscuras en el que cae y a donde le llevan los pasadizos secretos ,con una sensibilidad malsana y una imaginación truculenta. Yo pienso en el pozo de miseria en el que he caído.
¿Cómo salir de este agujero de personas que vienen a contar sus sórdidas imaginaciones, sus violentas pasiones?
No, esto no tiene nada que ver con ayudar a curar la mente. Clara, o Juan, o como demonios quiera llamarse, no quiere curarse, quiere una puta, como yo, que le oiga sus sueños. Luego se va fresco, como un gallo, a ligar a alguno de esos bares de osos peludos y gordos...
Pero yo, yo me siento en una fosa séptica, que cada día se hunde un poco más y mas. Sepultado por las letras, los impuestos, las cargas familiares.... Y pienso, que debería ser a mi a quien sacara del agujero.

Son las nueve Cierro la puerta del despacho. Al pasar por delante de la secretaria le digo. “A partir de la semana que viene me cobra las sesiones a cien euros” Y salgo yo, también, tan fresco como un gallo.



Imagen:

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Fantasías de escritora sobre fantasías de paciente que le cuenta sus fantasías al doctor. El tema ético se cruza con la vida interna de ambos, paciente y analista. Me ha gustado.
Un beso
D.

Bohemia dijo...

Me gusta el final...todo el texto me gusta pero el final me ha hecho sonreir...

Bss