viernes, agosto 31, 2007


EL SUEÑO ETERNO

Me siento como una cabra con su perro en manos de una familia de gitanos. Uno toca la trompeta, otro el tambor entonces yo me subo a la escalera y hago piruetas. Encima de mi se sube mi perrita y baila regueton. La gente nos rodea, primero con recelo ¡Una cabra balnquita y una perra lanuda!. En menos que canta un gallo se dan cuenta de que somos inofensivos, comienzan a tocarnos. Nos dejamos mansamente, por dentro estamos que mordemos, sonreímos, hacemos más monadas, ponemos una pierna encima de la oreja, estiramos el rabo, cantamos. Ellos aplauden gozosos, quieren que siga el espectáculo. Estrechan el circulo, dan patadas, aplauden...

Estoy siendo suave, cuento las cosas distorsionadas, para que no se den cuenta de lo que está sucediendo realmente desde que han comprado los derechos sobre mi persona. Mi sobrina Amparito ha decidido ocuparse de mí en mi vejez, atenderme hasta el mismo momento de mi muerte, de mí y de mi perrita Carolina. A mi perrita la habrían puesto una inyección y al otro mundo, pero no se han atrevido. Conmigo habrían hecho lo mismo, me habrían ahogado tapando mi boca con una almohada, si no fuera por esta pensión de gran invalidez de jefa de sección del ministerio de hacienda y esta casa en una de las zonas mejores de la ciudad...

Mi sobrina Amparito quiso mudarse aquí con sus dos hijos haraganes de 17 años, unos adolescentes desgarbados y una niña harapienta que sale hasta altas horas de la noche.

-Aquí – dice – estamos mucho mejor todos.

Y todos, son ella y su prole, porque yo estoy enjaulada en la habitación del servicio, yo y mi perrita Carolina claro. Ellos han ido ocupando el resto de la casa, lo justifica, para ahorrarme sufrimientos y que tenga todo a mano. Ahora como en la cocina, mi baño es un pequeño plato de ducha en el que han puesto una silla de plástico y un retrete.

Amparito siempre dice:

-Mejor tía con nosotros que en una residencia.

Me ha comprado una televisión de esas minis para mi cuarto.

-Y así tía – dice –puede ver lo que quiera en su habitación sin que los chicos la molesten.

Ellos ocupan el salón con la grande de 32” que había comprado antes de mi enfermedad.

Lo peor de todo esto son las tardes cuando se empeña en que salgamos a saludar a sus amigos entonces es cuando empieza el numerito. Me hace hablar de sandeces, hace que Carolina salte o ladre a su antojo. Luego dice:

-Tengo una idea, bajaremos a comprar cervezas y unas pizzas, nos invita la tía. No es cierto, no soy yo la que invito solo la que pago. A mí me alimentan con batidos de farmacia.

Volviendo al principio, las cabras tienen mas suerte que nosotras, comen lo que quieren vagan libres por los prados, las mas desgraciadas están atadas pero ven el sol todas las mañanas. Yo siempre estoy sujeta a los caprichos de esta mujer pendeja, y ésta es una cuerda muy corta. Algunos días me arrastro hasta la nevera para buscar algún alimento que sepa. Ella que nunca me hace caso parece que me oliera, me empuja hasta casi hacerme caer.

- ¿Dónde va tía? ¿Dónde va? – me grita. – ¿Cuántas veces le tengo que decir que si quiere algo lo diga? ¡Váyase a la cama! Yo ahora le traigo la merienda.

Siempre usa el “usted” en estos casos y me trae un vaso de leche medio agria, que no bebo.

Carolina, la pobre, anda medio famélica, tiene que mear en unos papeles de periódico que le han puesto en un rincón del cuarto, cuando lo hace mete el rabo entre las piernas y se esconde bajo la cama, si al menos cambiaran los periódicos seria soportable, pero pueden dejarlos mas de una semana entera.

La malogradita de su hija cuando quiere salir con sus amigos, arrastra mi silla hasta el parque, allí se fuma unos pitillos y hacen mil perrerías a la pobre Carolina. A mí me deja olvidada debajo de unos árboles.

Cuando volvemos, Amparito me mira con una sonrisa que denuncia que ha estado disfrutando de la cama en la que yo dormía y dice:

- ¿Qué tal tía le ha gustado el paseo?. Mientras, su hija, masculla “ahí tienes a la vieja y a su perra, no hay quien las aguante”

A veces, como hoy, me dejan sola los fines de semana.

- No se preocupe tía – dice Amparito. - Yo le dejo todo a mano, los batidos para alimentarse, unas galletitas y un poco de queso en un platito, por si le apetecen. Le dejo puesto el pañal que con los que hacen ahora no se va a dar cuenta de que se orina. A la noche vendrá la vecina y se lo cambiará, para que duerma como una niña.

Como si de verdad le doliera dejarme sola tanto tiempo y no le quedara mas remedio que salir, yo sé que donde se va es a la playa con algún novio y los muchachos.

Cuando se va vuelvo a disfrutar de mi casa, aunque cada vez la siento menos mía ¿qué queda de mis cosas? La mitad ya se han roto, la otra mitad la han tirado a la basura. El placer de estar sola en mi casa queda tapado por el dolor del deterioro de todas las cosas que apreciaba....

Dicen que la muerte con gas es una muerte dulce te vas quedando dormida poco a poco, así que he abierto todos las llaves de la cocina que esta junto a mí habitación, he encontrado una botella de coñac en uno de los armarios y me he ido tomando las pastillas que me dan para el dolor y para dormir....quiero dormir, dormir, dormir, dormir.... dicen que para iluminar el camino es bueno dejar una vela encendida delante de la Virgen Maria para poder encontrar el camino y que ella te lleve de la mano.

- ¡Cuidado, Carolina, que tiras la vela!


Imagen: Toulose Lautrec

6 comentarios:

TOROSALVAJE dijo...

Que fuerte, seguro que hay un montón de personas mayores que estan en situaciones parecidas.

Me ha gustado, sobre todo el final, me parece lo más justo para ella.

Un beso y mi aplauso.

Esther Hhhh dijo...

Uff.. Tengo todos los pelos como escarpias... Tremenda, Fortu, esta historia, y lo más triste, al igual que dice torosalvaje, probablemente más cerca de la realidad de lo que quisieramos creer. Lo que más me gusta, el final sin duda "cuidado carolina, que tiras la vela" Bonita venganza final, dejar a los usurpadores sin nada...

Besitossss

Margot dijo...

Cojonudo, mi Fortu, para qué andarme con eufemismos? quiá!

Conseguiste que me pusiera en su piel, que deseara ser una cabra, que la vela se cayera...

Cecilia Falchini Piccini dijo...

Profundo Fortu...

Me llevó a pensar muchas cosas...

Mientras en algunas culturas indígenas, los ancianos son considerados los más SABIOS y son RESPETADOS en función a esto, otras culturas desprecian los años vividos y valoran, quizás, solo lo "extraíble" de esos años...

Para algunos el dinero, para otros la comodidad...
¿Qué nos pasa como sociedad?

Hermoso Fortu...
Encontraste la sutil manera de sembrar semillas de reflexión.

Besos

ce

Lila Magritte dijo...

Ay, Fortu, qué tremenda historia.

Ahora no sé cómo atravesar la noche. Cómo regresar.

Therese Bovary dijo...

Grande Fortunata!!!
Qué bueno que pongas tu pluma al servicio de historias como ésta... Para que nadie se haga el sordo ni el ciego ni el mudo ni el tonto.

Cariños